Por qué son importantes y por qué fallan
Sirven para alinear expectativas, dar feedback, detectar problemas antes de que crezcan y conocer a la persona detrás del rol. Fallan cuando se convierten en informes de estado: qué has hecho esta semana lo puede responder un email.
Otro fallo típico es que las domina quien convoca: si una persona habla el 80% del tiempo, la reunión pierde su función. El espacio es de la persona con la que te reúnes.
Cómo prepararlas en 10 minutos
Comparte una agenda mínima antes de la reunión (3 puntos máximo) y pide que añadan lo suyo. Prepárate 3 preguntas que abran conversación, no que pidan informes: qué te está frenando, qué necesitas de mí, qué debería saber y no me han contado.
Lleva un lugar para anotar compromisos. La reunión sin notas es una conversación amable que se evapora; con notas, deja acciones concretas con responsables y fechas.
La conversación: escucha, no interrogues
Empieza con lo que la otra persona quiera traer y guarda tu agenda para después. Escucha más de lo que hablas y haz preguntas de seguimiento antes de dar soluciones: muchas veces la persona ya tiene la respuesta y solo necesita ordenarla.
Cierra con un resumen: 2-3 acuerdos, quién hace qué y para cuándo. Y haz seguimiento en la siguiente reunión: lo que no se revisa, se olvida.
Estructura de una 1 a 1 de 30 minutos
Cómo estás. Fuera del trabajo también cuenta: afecta al rendimiento.
Problemas, dudas, lo que necesitan de ti. Tu agenda espera.
Feedback, alineación, novedades que afectan a su trabajo.
Un punto concreto de mejora, con ejemplo y sugerencia.
Resumen de compromisos, responsables y fechas; anótalo.
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