Antes: la preparación
Toda reunión debería poder responder a tres preguntas antes de convocarse: ¿qué decisión necesitamos tomar?, ¿quién es imprescindible?, ¿cuánto tiempo requiere de verdad? Si no hay decisión ni objetivo, no hay reunión: es un correo.
Envía el orden del día con antelación, con un tiempo estimado por punto y el nombre de quien lidera cada uno. Los asistentes deben llegar sabiendo qué se espera de ellos.
Durante: la dirección
Empieza a la hora, presenta el objetivo en una frase y respeta los tiempos de cada punto. Cuando la conversación se desvía, el moderador la devuelve: 'eso es interesante, pero lo anotamos para otra reunión'.
Las reuniones no terminan con conversaciones, terminan con decisiones. Cada punto debe cerrarse con un acuerdo explícito o con un responsable y una fecha.
Después: el cierre
Un acta breve (acuerdos, responsables y fechas, no una transcripción) se envía el mismo día. Sirve de memoria y de compromiso: lo que no está escrito tiende a no cumplirse.
Revisa también si la reunión debía existir: si dos reuniones seguidas no producen decisiones útiles, elimínala o reduce su frecuencia.
Lista previa antes de convocar
Escribe en una frase qué debe quedar decidido o acordado al salir.
¿Se puede resolver con un correo, un documento o un mensaje? Si sí, no convoques.
Invita solo a quienes aportan o deciden; el resto recibe las notas después.
Asigna minutos a cada tema del orden del día y avisa del más importante primero.
Envíalo con antelación para que nadie llegue a improvisar sobre el tema.
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